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Esta mañana llegue bien temprano a la playa, con toda la decision de aprovechar bien mis vacaciones. Como siempre, mi esposo Armando se me habia anticipado. Y apenas me vio me invito a ir al agua con el. Pero yo le recorde que no pensaba dar un solo paso fuera de la carpa sin llevar mi crema protectora.
Armando no entiende las indirectas, asi que le insisti para que me la pusiera el, pero no hubo caso, nunca me quiere poner la crema por el cuerpo. "Que te la ponga el de la carpa de al lado" me dijo, yendose al mar. El de la carpa de al lado, Carlos, es un hombre muy amable que ya se habia prestado a embadurnar mi cuerpo, no solo por fuera sino tambien por dentro de mi vagina, para lo cual se vio obligado a usar su enorme polla, para que la crema me llegara bien adentro. Recuerdo que por un momento se me cruzo la idea de que ¡me estaba cogiendo! ¡Y con mi marido en la carpa de al lado! Pero enseguida me censure por mal pensada: Carlos era un caballero que estaba cumpliendo con lo que le habia pedido, y lo estaba haciendo a conciencia. Pero mientras el se empeñaba en su cometido friccionando dentro mio con su gran poronga, yo me permiti la fantasia inocente de que ¡en verdad me estaba cogiendo! No se la confese para no perturbarlo y para que no pensara mal de mi como mujer casada, pero disfrute de mi pequeña fantasia de infidelidad y me corri un monton de veces con la nariz oliendo su pecho mientras su dura tranca seguia dale que dale.
Finalmente me descargo un monton de chorros de leche, bien al fondo, porque el hombre por mas serio que fuera en el trabajo que me estaba haciendo, tampoco es de madera y con tanta friccion sucumbio al placer de la carne, pobre hombre. Yo me senti bastante halagada por su perdida de control, pero no comente nada, para no darle falsas ilusiones.
Asi que esta mañana, siempre arriba de mis tacos aguja que hace que todos mis dones se bamboleen, me fui a los saltitos hasta su carpa.
Carlos me recibio con una gran sonrisa "¿lista para otra sesion, Julia?" "¡Mas que lista, Carlitos! Pero hoy quiero pedirle que ademas de pasarme la crema me haga un poco de masaje, porque el otro dia me di cuenta de que usted debe ser un gran masajista!"
Me hizo pasar a la parte trasera de su carpa, separada del resto por una lona, pero antes de hacerme tender en la colchoneta me pidio que me sacara ambas prendas de la bikini. Le obedeci gustosa, pues ese hombre habia ganado mi confianza. Seguramente con la intencion de no ponerme en una situacion desventajosa, Carlos se despojo tambien de su pantaloncito de baño, confirmando mi impresion acerca de su caballerosidad. Y ante mis ojos expuso su enorme poronga en estado de maxima ereccion, lo que no dejo de sorprenderme un poco, pero no dije nada porque esas cosas me provocan un poco de timidez. Carlos se habia embadurnado el miembro con crema protectora y tambien todo el cuerpo, abundantemente. "Ahora que tenemos un poco mas de confianza vamos a probar el sistema del embadurnado cuerpo a cuerpo" me anuncio. "Como usted disponga, Carlitos"
El embadurnado cuerpo a cuerpo consistio en abrazarme y comenzar a frotar su cuerpo contra el mio, nabo incluido. Y para no dejar nada fuera de contacto, ya que nuestras caras se encontraban cerca, comenzo a comerme la boca con un caliente beso de lengua. Su lengua revolvia la mia y nuestras salivas se mezclaban. Yo no entendia muy bien como eso podia facilitar el encremado de mi cuerpo, pero era bastante agradable, ademas de inocente y bien intencionado. Lo que me ponia un poquito nerviosa era su duro nabo restregandose contra mi pubis, en las inmediaciones de mi intimidad. Asi que para descargar mi nerviosismo comence a gemir y a jadear.
Carlos, siempre concentrado en su tarea, agarro mis tetones con sus manos embadurnadas de crema y me los fue manoseando hasta que se llenaron de irrigacion sanguinea, aumentando su volumen. Como un efecto secundario, mi vagina comenzo a secretar jugos, porque mi vagina interpretaba esa situacion como un preliminar de coito, y no puedo culparla, porque las vaginas interpretan las cosas sin mucha sutileza. De cualquier modo no puedo negar que la situacion era placentera, muy placentera. Y cuando una de las manos de Carlos se apodero de uno de mis gluteos, senti que seria mejor estar en la colchoneta. Evidentemente el tambien, ya que nuestros cuerpos se fueron inclinando juntos, el suyo siempre arriba. Y abriendo bien los muslos permiti que hundiera su embadurnada y caliente poronga en mi intimidad. Ahi comenzo una serruchada que un observador poco informado habria confundido con una tremenda cogida. Si, para cualquiera que no estuviera al tanto de la situacion, hubiera parecido que este hombre me estaba dando una cogida de esas para tener y guardar. Pero yo sabia que esto era un trabajo para el, un gesto servicial y no estaba preocupada, mas teniendo a mi marido a mas o menos cien metros, en el agua.
No me preocupe en aclararle nada acerca de mi condicion de esposa fiel, pues me constaba que se trataba de un hombre sumamente respetuoso. Y si me tenia ensartada como una mariposa haciendome sentir la potencia tenaz de su virilidad, no era por faltarme el respeto, ni vejarme, ni mucho menos, sino por la deferencia y cortesia de un buen vecino de carpa, dispuesto a hacerle un servicio a su vecina.
Carlos es un hombre de una gran resistencia, como corresponde a un estado fisico como el suyo. Asi que me estuvo dando "la cogida" por unos cuarenta minutos, a lo largo de los cuales, al sentir su miembro como una serpiente que se hundia sinuosamente en mis zonas intimas, o al sentirlo como la dura barra de carne que estremecia mis entrañas, me fue dando cierta sensacion erotica algo perturbadora, de la que me defendi elevando los ojos del alma al cielo y pensando en mi esposo que tanto confia en mi. Y asi, en ese estado de elevacion espiritual y sintiendo las sacudidas que me estaba dando esa enorme tranca, comence a tener un orgasmo tras otro, mientras su boca proseguia con su entusiasta beso de lengua. Por un momento me permiti la fantasia de que el vecino de la carpa de al lado me estaba dando una tremenda cogida a metros nomas de donde se encontraba mi marido. Y eso debe haber contribuido un poco a provocarme tantos orgasmos, pero yo creo que mas bien fueron las sensaciones corporales. De todos modos una no es responsable si se le cruzan algunas fantasias, y tener fantasias no es sen infiel.
Bueno, que me sacudio como si yo fuera una batidora. Y cuando por fin se separo, mi cuerpo estaba completamente embadurnado por delante, por las restregadas de su cuerpo, y por detras, por el modo en que sus manotas habian recorrido mi espalda y gluteos. Tarde un buen rato en recuperarme, pero al final hice un esfuerzo y me levante, ya que Armando debia de haber vuelto del mar y podia alarmarse al no verme y pensar que podia haberme pasado algo malo. "La proxima vez me voy a ocupar de embadurnarle tambien su agujerito trasero" dijo Carlos con delicadeza, evitando deliberadamente la palabra "ojete", cosa que le agradeci.
Antes de separarnos, y como afectuosa despedida, y ya con mi tacos aguja y mi bikini puesta, Carlos me abrazo dandome un muy cariñoso beso de lengua de varios minutos, que yo acepte cruzando mis brazos sobre su cuello, y acariciando sus cabellos. Hasta que, emocionada por su efusividad, me corri en sus brazos. Es notable de que modo pueden dos casi desconocidos acceder a los ambitos del afecto mutuo cuando hay buena voluntad y vocacion de servicio. "Gracias, Carlos" le dije mirandolo a los ojos. "Cuando usted quiera, Julia" siempre tan caballeroso.
Como supuse, cuando volvi a nuestra carpa, lo encontre a mi esposo dormitando. "Veo que nuestro vecino te ha embadurnado bien... ¿que tal ese hombre?" "Un caballero, mi amor, un caballero." "Que bien, y ahora ¿vas a ir al agua?" "Despues, ahora voy a tomar un poquito de sol" Y me quede instantaneamente dormida, rendida de cansancio, posiblemente por haberme levantado tan temprano.
Al mediodia, luego del almuerzo playero, decidi que ya habia tenido bastante playa por ese dia. Y despidiendome de Armando, Jose y Fanny, me fui para la casa. Ya que eran pocas cuadras y tenia la tanguita de hilo dental, no me parecio necesario ponerme la faldita. Asi que solo me vesti con mi breve remerita (pero sin el corpiño, porque me gusta que mis pezones respiren) y con mis tacos aguja, por supuesto. Armando, con su gorrita playera cubriendole el rostro, dormitaba. Pero su hermana Fanny me siguio con la mirada y una gran sonrisa. Y su novio se permitio la broma de emitir un silbido a mis espaldas.
El camino de regreso estuvo, como era habitual, sembrado de accidentes callejeros, todos a mi paso. El señor que se llevo una columna por delante, el ciclista que se cayo de la bicicleta, un coche que choco al de adelante... todos por mirarme. Lo que me parecio divertido, aunque ya estaba dejando de ser novedad. Asi que prosegui con mi paso, dejando que mis gracias se bambolearan libremente.
Lo que no me esperaba era sentir una cosa fria y humeda y unos resoples en la parte baja de mi culo. Con un estremecimiento pegue un saltito, dandome vuelta para ver que habia sido eso. Y me tranquilice: era el gran dogo de don Braulio, que ahora arremetia olfativamente contra la parte delantera de mi entrepierna. ¡¡Ven aqui, Mujik!! Se escucho la orden de don Braulio. "¡Usted disculpe, señorita, pero este perro no sabe comportarse con una dama" "Señora, don Braulio. ¿No se acuerda de mi? Ayer estuve en su negocio para comprar fiambres" "¡Ah, si, ahora la reconozco, es que no habia tenido tiempo de verle la cara!" dijo el hombre con algo de picardia. Me rei, y el joven dogo debe haber interpretado esto como un permiso para reanudar el olfateo de mi intimidad. "¡¡¡Fuera, Mujik!!!" lo reto su dueño. "¡No sea tan severo con el animalito! ¡El solo quiere ser amistoso!" y acaricie la enorme cabeza del perro, dejandole que olfateara a gusto. El animal lleno de simpatia hacia mi, me dio un lenguetazo cariñoso en la zona de su interes. Don Braulio se quedo un momento desconcertado, pero luego parecio haber encontrado la actitud adecuada. "¿Gustaria de venir a tomar un te a mi casa, para disculpar mi torpeza al no reconocerla, y el atrevimiento de mi perro?" ¡Por fin un momento de sana distraccion y amistad con ese dulce anciano y su encantador perrito...! "¡Oh, no tiene que disculparse por nada, don Braulio, pero voy a aceptar su invitacion con mucho gusto! ¡Pero un ratito, nomas, eh!" Y nos fuimos a paso de paseo rumbo a su casa, con el simpatico perrazo saltando a mi alrededor y dandome alguno que otro lengüetazo, lo que me hacia prorrumpir en carcajadas. La proveeduria de don Braulio esta al lado de su chalet, a una cuadra de mi casa, en esa maravillosa zona de casas bajas y mucho verde. Verdaderamente disfrute del paseo, y de la agradable compañia.
El chalet del hombre tenia un jardin trasero bastante frondoso, con la vista de las casas de alrededor tapada por los arboles, y alli en esa intimidad verde, una mesita y un par de sillas. Don Braulio me dejo en ese entorno paradisiaco y se fue a preparar el te prometido. Los grandes dogos pueden ser perros mimosos si una sabe tratarlos, y Mujik se quedo a mi lado, dejando que le rascara la cabeza y dandome lengüetazos en la cara, o donde cayeran.
El te transcurrio agradablemente, acompañado de unas masitas horneadas por el mismisimo don Braulio. Mujik se habia metido debajo de la mesa y habia optado por apoyar su cabeza en mis muslos, que por fuerza tuve que mantener cerrados, pero sintiendo su respiracion caliente en ya sabes donde. Don Braulio, evidentemente conciente de la situacion, se reia un poco mas de la cuenta de las ocurrencias que el mismo tenia.
Despues trajo algunos albumes para mostrarme sus fotos de familia. Algunas eran muy antiguas, sus padres, tios y abuelos. Y el insistia en explicarme quien habia sido cada uno y cada una. Evidentemente estaba demasiado solo y avido de comunicacion. En otro album habia fotos mas contemporaneas: sus hermanos, primos, amigos, antiguas novias y sus tres esposas. Todos explicados con lujo de detalles de cada una de las historias. Entre tanto el perro intentaba forzar mis muslos para que le permitieran llegar a mi intimidad, o al menos eso me parecio. Pero los mantuve bien apretados y continue acariciandoles la cabezota con afecto. En uno de los albumes, al abrirlo saltaron a mi vista montones de fotos de niñas desnuditas, todas ellas. Algunas bastante pequeñitas. Me sorprendio ver tantas criaturitas desnudas, algunas posando como si fueran modelos adultas, pero no tuve ocasion de mirarlas con mas detalle, pues don Braulio cerro el album apresuradamente y con mucho nerviosismo. "Son sobrinitas" me dijo. "¿Tantas?" "Somos una familia muy grande" farbullo, poniendose colorado, al tiempo que se iba para adentro con todos sus albumes.
Cuando me levante para irme, Mujik aprovecho para pararse en sus patas traseras y lamerme el rostro. Para mi azoramiento pude ver que buena parte de su sexo habia salido de su funda de piel, exhibiendo la roja cabeza en lo que evidentemente era un estado de excitacion. Don Braulio, que habia retornado del interior de su casa, se quedo un momento mirando la escena, que duro mas de lo que yo hubiera querido, con el animal follando el aire y dandome alguno que otro pollazo en mi vientre. Por algun motivo mis pitones se habian endurecido y se notaban a traves de la delgada tela de mi remerita, lo cual me produjo bastante embarazo. Finalmente, el amo me saco el perro de encima. "¡Mire como se ha puesto!" dijo refiriendose a la bruta tranca que exhibia el animal en celo. "¡Es que usted le gusta...!" agrego con mirada picara. Y tomandome por la cintura me fue guiando hacia la puerta de entrada. Todo el camino Mujik asedio mi culo a lengüetazos, sin que don Braulio lo recriminara. Yo hice como que no me importaba la cosa, pero al despedirme del hombre no pude dejar de notar el enorme bulto que habia crecido en sus pantalones. "Ha sido un gusto, don Braulio..." "¡Vuelva pronto y va a ver el gusto que se va a llevar!" me dijo el viejo reteniendo un poco mi mano. "M-muy ricos el te y las masitas..." agradeci, y me fui presurosa, con las imagenes de la roja polla del perrazo, y el bultazo bajo el pantalon de don Braulio, bailando en mis retinas.
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